No sé si es porque trabajo desde un espacio compartido como Aticco, rodeado de startups y proyectos jóvenes, o porque tengo buenos amigos con esa misma energía creativa, pero el otro día me vino un pensamiento a la cabeza.
Hay una generación de emprendedores que 𝗱𝗲𝘀𝗹𝘂𝗺𝗯𝗿𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗲𝗻 𝗿𝗲𝗱𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗻 𝗯𝗮𝗹𝗮𝗻𝗰𝗲𝘀, y otra que 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝗮𝗶́𝘀 𝘀𝗶𝗻 𝘀𝗮𝗹𝗶𝗿 𝗲𝗻 𝗻𝗶𝗻𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗱𝗮.
Cada vez veo más jóvenes con un discurso brillante, buena presencia digital y una historia inspiradora detrás de su startup.
Viven intensamente, viajan, levantan rondas, dan conferencias.
Pero muchas veces, detrás del relato, hay empresas que todavía 𝗽𝗶𝗲𝗿𝗱𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗻𝗲𝗿𝗼… 𝘆 𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗱𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗽𝗲𝗻𝗮𝘀 𝘀𝗲 𝗽𝗮𝗴𝗮𝗻 𝘂𝗻 𝘀𝘂𝗲𝗹𝗱𝗼.
No lo digo como crítica, sino como contraste, incluso como mérito: si consiguen una buena venta, podrán devolver capital a inversores y quizá llevarse su premio.
Pero mientras tanto, 𝘃𝗶𝘃𝗲𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗿𝗲𝗹𝗮𝘁𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼.
En el otro extremo están esas 𝗽𝘆𝗺𝗲𝘀 𝗼 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮𝘀 “𝗱𝗲 𝘃𝗲𝗿𝗱𝗮𝗱” que no salen en los medios, pero que generan empleo, beneficios y valor sostenido.
Son menos ruidosas, pero más sólidas.
A menudo vistas como tradicionales o poco estimulantes, cuando en realidad son las que sostienen el tejido económico, aunque el dueño/a no se haga llamar CEO.
Como 𝗵𝗲𝗮𝗱𝗵𝘂𝗻𝘁𝗲𝗿 𝘆 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗷𝗲𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝘁𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗼, me interesan precisamente esas compañías y líderes que quieren construir el futuro desde la consistencia de sus cuentas.
Porque el relato puede atraer inversión,
𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗹𝗮𝘀 𝗻𝗼́𝗺𝗶𝗻𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗽𝗮𝗴𝗮𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗶𝗻𝗴𝗿𝗲𝘀𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗿𝗶́𝗮𝗻 𝗶𝗻𝘀𝗽𝗶𝗿𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗼.
Por eso, 𝗹𝗮𝘀 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮𝘀 𝘁𝗿𝗮𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀, sin perder sus fortalezas: historia, sostenibilidad real y capacidad de generar recursos propios, 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗻 𝗿𝗲𝗹𝗮𝘁𝗼.
Porque el relato, al final, es lo que hace que el talento mire hacia ti.
Y cuando hablo de relato, no me refiero a marketing vacío.
Hablo de propósito, de transformación real, de evolucionar junto a las personas que se incorporan y las que permanecen.
De limpiar el polvo y sacar brillo a lo que tiene valor.
𝗗𝗲 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗵𝗮𝗻 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗱𝗼 𝗯𝗲𝗻𝗲𝗳𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼 𝗳𝗼𝗰𝗼 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮́𝘁𝗶𝗰𝗼.
En resumen, de equilibrar la balanza entre quienes 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲𝗻 𝗿𝗲𝗹𝗮𝘁𝗼 y quienes 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲𝗻 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀.
Contar bien la historia de tu empresa y explicar el 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗮𝗿 𝗲𝗻 𝗲𝗹𝗹𝗮 no es postureo: es justicia.
Porque si no lo haces tú, el talento mirará hacia quien sí lo hace, aunque tenga menos base financiera para sostener una 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗹𝗲𝗮𝗱𝗼𝗿𝗮 𝘀𝗼́𝗹𝗶𝗱𝗮.
por Sergi Constant – 12.11.2025


